La temperatura exterior no solo influye en cómo conducimos: también afecta directamente a la presión de los neumáticos y el consumo, especialmente en invierno y verano.
Conocer esta relación ayuda a circular de forma más segura y eficiente.
Por qué cambia la presión con el frío o el calor
El aire del interior del neumático se dilata con el calor y se contrae con el frío.
Esto significa que:
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en invierno la presión baja
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en verano puede aumentar más de lo esperado
Unos pocos décimos ya pueden marcar la diferencia.
Qué pasa si circulamos con poca presión
Cuando la presión es inferior a la recomendada:
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aumenta el rozamiento
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el coche necesita más energía
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el consumo sube
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el desgaste es irregular
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se incrementa el riesgo de reventón
Además, el vehículo pierde estabilidad y alarga la distancia de frenado.
Y si llevamos demasiada presión
Tampoco es positivo:
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el neumático se desgasta por el centro
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el agarre disminuye
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el coche se vuelve más brusco
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se reduce la seguridad en curvas y lluvia
El punto correcto siempre es el que indica el fabricante.
Cómo cuidarlos durante todo el año
Algunos hábitos sencillos ayudan a mantener la presión de los neumáticos y el consumo bajo control:
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revisar la presión en frío, al menos una vez al mes
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comprobar antes de viajes largos
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respetar siempre las indicaciones del fabricante
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revisar también la rueda de repuesto, si la hay
Desde Alas estaciones, sabemos que unos neumáticos bien mantenidos significan más seguridad, mejor agarre y un consumo más equilibrado.
