La temperatura exterior no solo influye en cómo conducimos: también afecta directamente a la presión de los neumáticos y el consumo, especialmente en invierno y verano.

Conocer esta relación ayuda a circular de forma más segura y eficiente.

Por qué cambia la presión con el frío o el calor

El aire del interior del neumático se dilata con el calor y se contrae con el frío.

Esto significa que:

  • en invierno la presión baja

  • en verano puede aumentar más de lo esperado

Unos pocos décimos ya pueden marcar la diferencia.

Qué pasa si circulamos con poca presión

Cuando la presión es inferior a la recomendada:

  • aumenta el rozamiento

  • el coche necesita más energía

  • el consumo sube

  • el desgaste es irregular

  • se incrementa el riesgo de reventón

Además, el vehículo pierde estabilidad y alarga la distancia de frenado.

Y si llevamos demasiada presión

Tampoco es positivo:

  • el neumático se desgasta por el centro

  • el agarre disminuye

  • el coche se vuelve más brusco

  • se reduce la seguridad en curvas y lluvia

El punto correcto siempre es el que indica el fabricante.

Cómo cuidarlos durante todo el año

Algunos hábitos sencillos ayudan a mantener la presión de los neumáticos y el consumo bajo control:

  • revisar la presión en frío, al menos una vez al mes

  • comprobar antes de viajes largos

  • respetar siempre las indicaciones del fabricante

  • revisar también la rueda de repuesto, si la hay

Desde Alas estaciones, sabemos que unos neumáticos bien mantenidos significan más seguridad, mejor agarre y un consumo más equilibrado.